Se aproxima el final de las fiestas navideñas, unas fechas que muchos disfrutan como niños y otros ansían finalizar, pero algo que va indisolublemente ligado a este final es la, por todos conocida, “cuesta de enero”. Originariamente, esta frase se popularizó en España y muchos países de América Latina debido a la regularización de precios que muchas empresas y administraciones públicas realizan a principios de año, lo que significa, incremento en precios de servicios y productos y que afectan directamente al bolsillo del consumidor después de los excesos económicos de la Navidad.

Pero enero, más allá de ser un mes donde la economía personal y familiar es la protagonista, también es un mes clave a nivel personal. Es un mes de inicio, de buenos propósitos, de folio en blanco con 365 días para llenarlo de vivencias y logros.

Sin embargo, nos plantamos delante de ese folio en blanco después de unos días de fiesta, de reencuentros familiares, de momentos llenos de magia, de vacaciones, de recogimiento…después de unos días en los que, en muchos casos, hemos conectado con familia y hogar. Y volver a la rutina después de haber vivido una bonita Navidad, en ocasiones comporta un sentimiento de tristeza y fracaso, por lo que dejamos atrás y también, si somos de hacer balance anual, por lo que no hemos llegado a conseguir durante el año que acaba.

Pero ¿qué hacer si, finalizada la Navidad, nos “cuesta” hacer frente al mes de enero?

  • Si nos sentimos mal porqué durante el año que cerramos no hemos alcanzado los objetivos fijados, pasemos esos objetivos no cumplidos durante este año a una nueva lista de tareas pendientes, revisando si realmente son objetivos alcanzables y realistas o no (a todos nos viene a la cabeza el ejemplo el de ir al gimnasio: ¿realmente nos gusta? ¿O para hacer actividad física preferiríamos hacer clases de baile o Pilates? ¿O caminar con algún amigo o amiga?) Revisemos el por qué no hemos alcanzado el objetivo y, si es necesario, démosle la vuelta, reformulemos de manera que sea un objetivo que nos apetezca, que nos motive.
  • Si al hacer balance anual, no te satisface el resultado, vuelve a pensarlo, pero intenta ser espectador de tu año. Seguro que hay muchas cosas que has conseguido o mantenido que para ti no son importantes, pero que realmente son logros para sentirse muy satisfecho. Ponte en valor. Focaliza y pon énfasis en aquello positivo y agradable que has vivido durante el año.
  • Intenta no vivir con tristeza las separaciones o los recuerdos de momentos entrañables de estas fechas. Al contrario, celebra haberlos tenido, recuerda todo lo que te han aportado. Planifica (de manera realista) próximos encuentros y agradece cada recuerdo que atesoras. Esa es la mochila que debes ir llenando y abriendo cuando necesites animarte y sacar una sonrisa.
  • La gran medicina para la mente es hacer ejercicio. Liberar endorfinas. Empezar el año dedicándole un tiempo a realizar cualquier tipo de actividad física te ayudará a sentirte mejor, a ser más feliz y, como resultado, a que tu año resulte más productivo.
  • Crear y ser capaces de mantener rutinas que nos den seguridad y un alto grado de tranquilidad en lo conocido.
  • Hacer planes de futuro. El inicio de un nuevo año con la incertidumbre que conlleva, añadido a la situación socio sanitaria que estamos atravesando no nos ayuda a afrontar la nueva etapa con serenidad. El planificar y pensar en el futuro, el hacer planes, nos ayuda a contrarrestar esa sensación de incertidumbre tanto en el trabajo como en la vida en general. Pero como decíamos anteriormente, seamos realistas en la planificación. Marcarnos objetivos o planes inasumibles pueden tener un efecto contraproducente. Y trabajemos la flexibilidad, el cambio. Este 2021, si una cosa nos ha enseñado es que las cosas pueden cambiar de un día para otro. Gestionar esos cambios, no vivir con rigidez, nos permitirá reaccionar e incluso, encontrar el lado positivo a un cambio inesperado.

Y, sobre todo, intentemos habitar en este nuevo año 2022 de manera tranquila y sosegada, asumiendo que transitamos en una época complicada, por la crisis sanitaria de la COVID y la incerteza a nivel mundial. Esto hace que haya situaciones que, por mucho que queramos, no podemos controlar.

Indudablemente, este marco general de inseguridad y crisis puede comportar estrés para muchas personas. Hemos de estar preparados si llega este estrés y se hace nuestro compañero de viaje durante parte de este año. Ante este panorama, es vital tener consciencia de nuestra salud mental y pedir ayuda a un profesional si creemos que no podemos gestionar solos una situación absolutamente excepcional. Un estrés mal gestionado puede provocar patologías mentales diversas, entre ellas, la depresión o la ansiedad. Varios estudios nos indican que la depresión es la principal causa de baja laboral y pérdida de productividad en la mayoría de países desarrollados.

Pero que estemos ante otro año excepcional y que presenta ciertas dificultades no significa que no podamos tomar las riendas y empezar a asumir que debemos seguir unas pautas para garantizar nuestro bienestar. Y enero es el momento perfecto, así que, para que la cuesta de enero no cueste, te damos unas pautas que mejorarán tu salud física y mental y te darán fuerza para disfrutar de un 2022 en plenitud:

 

Realizar ejercicio físico a poder ser al aire libre y a la luz del día. De esta manera contribuimos a disminuir el estrés y a aumentar el bienestar físico y mental que supone el ejercicio físico, y por otro lado la luz del sol hace que aumenten los niveles de vitamina D que favorece la disminución de los síntomas asociados a la tristeza y al bajo estado de ánimo.

hombre y mujer corriendo por la playa
despertador y mujer durmiendo

 

Cuidar las rutinas de sueño, y procurar descansar entre 6 y 8 horas al día. Una buena higiene de sueño nos mantendrá con más energía a lo largo de todo el día.

 

Cuida tu alimentación. Evita ultra procesados y mantén un menú rico en frutas y verduras.

bol con verduras y móvil con aplicación
persona moviéndose en bicicleta por la ciudad

 

Establecer rutinas y mantenerlas, aunque nos cuesten o no nos apetezcan al principio. Cuando las tengamos absolutamente integradas en nuestro día a día, serán nuestras mejores aliadas.

 

Y, por último, si teletrabajas o vas a hacerlo, aprende a distinguir entre el momento para trabajar, el momento para descansar y el momento de ocio, siendo lo más estrictos posibles con nuestros horarios.

mujer teletrabajando en salón

Por supuesto, es posible que existan causa más profundas que favorezcan la aparición de síntomas de depresión o ansiedad. Si estas estrategias no funcionan, lo mejor es contactar con un profesional con el que puedas hablar y poder entender el motivo y el origen del problema, y de esta manera poder solucionarlo.