Mi padre era médico. Yo he seguido la tradición familiar.  Y era también un gran aficionado al ajedrez. Hace unos 40 años empezaron a revolucionar el mercado unos equipos electrónicos que eran capaces de competir en este complicado juego.

Al principio estos dispositivos tenían una capacidad de juego limitado: jugaban correctamente, pero les faltaba nivel y profundidad, de forma que, si bien eran capaces de vencer en partidas contra ciudadanos corrientes, sucumbían irremediablemente cuando se enfrentaban a personas con un cierto nivel ajedrecístico. Y, por supuesto, mi padre les ganaba siempre. En aquella época se decía que una de estas computadoras nunca podría superar jugando al ajedrez a una entrenada mente humana porque su juego se basaba únicamente en analizar cientos de jugadas por segundo y, gracias a esta velocidad, escoger las que parecían mejores, hasta seleccionar una. Es decir, eran rápidos, pero no eran capaces de seleccionar por intuición, o por experiencia, o por simple oficio y eran derrotados sistemáticamente por los buenos jugadores.

Inteligencia Artificial

Sin embargo, el avance de la tecnología no frena nunca. La computación dio un gran paso adelante cuando se comenzaron a implementar técnicas de programación basada en Inteligencia Artificial, en especial aplicada al ajedrez, lo que mejoró mucho su rendimiento. Aquellas primeras computadoras sencillas dieron paso a ordenadores muy serios capaces de poner en aprietos a los profesionales del ajedrez. Y, finalmente, en 1996, un súper computador diseñado por IBM, el Deeper Blue, fue capaz de derrotar en un encuentro a seis partidas  al entonces campeón mundial Gary Kaspárov. Y esto en 1996, hace 25 años.

Hoy los ordenadores tienen enormes, ¡ENORMES! capacidades de procesamiento, y de aprendizaje, por lo que son capaces de mejorar de forma continuada. Por tanto, aquellas afirmaciones de hace 40 años que consideraba que un ordenador no sería jamás rival para un cerebro humano han quedado, me temo, totalmente obsoletas.

Diagnóstico diferencial

Como ya habrán podido deducir soy un gran aficionado a la informática. Incluso me dediqué profesionalmente a ella durante algún tiempo hace ya muchos años. Cuando estudiaba la carrera de medicina, a finales de los años 70, me relacionaba con compañeros de perfil similar.

Incluso diseñamos un software de diagnóstico diferencial. Era 1984. Al final no pudimos comercializarlo pero aprendí varias cosas, la principal fue que el 95 por ciento de la actividad asistencial de un médico podría ser, a la larga, realizado por un ordenador. No hace falta que les diga que llegar a esta conclusión fue, para un médico recientemente licenciado, bastante demoledor.

Pero si analizamos, veremos que tanto el diagnóstico simple como el diagnóstico diferencial de cualquier patología se basan en cruzar los datos relativos a la semiología del paciente con inmensas bases de datos de signos y síntomas, hasta alcanzar un diagnóstico de probabilidad. Luego se repetirá el proceso para el diagnóstico diferencial si es preciso. Quizás haya quien no es consciente de ello, pero este es el algoritmo mental que utilizamos al diagnosticar a un paciente. Tenemos ya hoy un cierto número de programas que, desarrollados para un ordenador personal, son capaces de alcanzar un diagnóstico de probabilidad con una más que notable precisión.

Además, aunque aún pueda parecer lejano en el tiempo, estoy seguro de que más pronto que tarde llegará el momento, que ya vamos viendo en las películas, de que se introduzca al paciente en una especie de cápsula diagnóstica que será capaz de realizar un body-tac, obtener muestras para análisis, realizar electrocardiogramas o electroencefalogramas y determinar constantes vitales, por ejemplo. Es, como mucho, cuestión de afinar la tecnología, porque los principios básicos ya existen: hoy en día las pruebas ya están digitalizadas y sus resultados pueden ser transferidos a cualquier equipo; así como el resto de los valores diagnósticos. ¡Si hasta los electrocardiógrafos medios apuntan ya diagnósticos al hacer la prueba!

Establecido el diagnóstico, si es preciso un tratamiento médico, el ordenador lo podrá prescribir fácilmente en base a innumerables bases de datos terapéuticas, y hasta controlar su ejecución si se trata de algún tratamiento más agresivo, como quimioterapia o radioterapia.

Cirugía robótica

Y ¿qué decir del tratamiento quirúrgico? Pues que hace ya años que se practica la cirugía por ordenador. Se llama cirugía robótica, y permite a los cirujanos realizar técnicas complejas con mayor precisión y flexibilidad, mejor visualización del Área quirúrgica y, en general, llevar a cabo procedimientos delicados y complejos, en ocasiones difíciles de realizar mediante cirugía tradicional.

Uno de los robots actuales más conocidos se llama Da Vinci, y aunque no lo parezca tiene ya más de 15 años de historia. Está instalado en España en más de 70 centros que en 2019 realizaron más de 10.000 intervenciones quirúrgicas. Estos robots son dirigidos por un cirujano que maneja los controles y es quien realiza la intervención, y uno o varios ayudantes. El robot tiene varios brazos que le permiten realizar un sinfín de actuaciones. También se han completado con éxito intervenciones quirúrgicas a distancia, estando el paciente en Europa, por ejemplo, y el cirujano en Estados Unidos.

¿Cuánto tiempo pasará hasta que el robot sea manejado por un ordenador debidamente especializado? Pues, a medida que la tecnología avance, es de esperar que algunos años. Es de suponer que al principio harán intervenciones sencillas y rutinarias, y poco a poco, en base a su mayor precisión y flexibilidad, se programarán otras más complejas. Obviamente la cirugía robótica tiene sus limitaciones, y no todas las intervenciones son susceptibles de ser realizadas por robots, pero la tecnología avanza cada día a grandes pasos.

En resumen, en mi opinión estamos a las puertas de un cambio cualitativo en la forma de desarrollar la praxis médica. El diagnóstico será cada vez más automatizado, y el tratamiento también, en un porcentaje importante. Siempre quedarán casos que por su complejidad precisen de la intervención humana directa, y áreas, como la investigación, que, al menos de momento, entiendo que requerirán del ser humano, al menos hasta que los ordenadores sean capaces de definir proyectos y llevarlos a ejecución. ¡Y espero que para esto aún falte tiempo!

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